Tras quedarse solo en la ciudad sin más
compañía que sus libros, su música y su tabaco,
empezaron a venirle las desgracias una más grande que la
anterior. Entonces se le bajaron los humos y la prepotencia que antes
lucía. Todo acabó una noche en que cuando iba a ir acostarse y a echarle un vistazo a la casa por si todo estaba apagado ,se dijo
para sus adentros como si se tratara de una confesión urgente
y descarnada: “Dios mio, eres el único que siempre has
estado a mi lado en los momentos más duros y con quien me he
consolado. El que has estado siempre cerca y esto no lo sabe nadie
más que tú y yo.”
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