Eso que no impide que tenga una terrible necesidad de –pronunciaré la palabra- religión. Entonces salgo en medio de la noche a pintar las estrellas.
Vincent Van Gogh en una carta a su hermano.
Hoy me siento más Van Gogh que ayer,
porque creo que no vendo ni un libro
y lo peor de todo,
no tengo ni un solo hermano que me compre uno.
Hoy me siento más Van Gogh que ayer,
porque comprendo perfectamente la dificultad del aspirante a escritor.
Pero he de decir algo en defensa mía:
¡Me da igual!
Porque lo mismo que el que se enamora,
no tengo la culpa que desde joven
me gustara hacerlo,
que sintiera la necesidad de contar cosas,
aunque calladamente o en silencio.
Aunque las guardara en papelitos que probablemente nadie vería, ni yo mismo, aunque escribiera solo para mis propias neuronas y oídos.
Porque por diversos motivos nunca tuve el tiempo necesario para hacerlo.
Me sentía frustrado al leer a Coleridge o Shelley y no poder saber qué se siente en las profundidades del pozo de la imaginación, por esa falta de tiempo
Sí. Hoy me siento más Van Gogh que ayer y menos que mañana.
Pero me da igual.
Porque escribir es sacar de dentro lo que no tiene más remedio,
como la ballena o el delfín,
tienen que salir a la superficie.
Porque si uno no escribe no vive
y todo lo que se guarda le explota dentro.
Porque si uno no lo hace no continua viviendo.
Porque escribir no es un pasatiempo.
Escribir es una necesidad,
como respirar.
Por eso me da igual.
Sí. Me siento más Van Gogh que ayer y probablemente menos que mañana.
Por eso en algún momento contemplo su cuadro y me doy cuenta que
Para mí escribir es gritar en silencio
en una noche estrellada:
Lo que siento no me lo voy a guardar dentro.

No hay comentarios:
Publicar un comentario